Fecha 15 mayo 2011
Por Leonardo Maya Amaya
Se levantó de golpe como enloquecida y salió de prisa, el escritor Goyo Guerrero quiso detenerla, le habló con sus ojos impávidos pero ella no lo miró, fue por eso que no escuchó al hombre de letras.
En ese instante yo entraba con el poeta Alfredo Guillén, él la miró y se horrorizó – lleva una de las peores penas de amor, me dijo, le pregunté por qué no hacía algo por detenerla, él sentenció en el acto –cuando se alcanza ese estado ya ni los versos te alcanzan, más aún -me aclaró- ya eres un verso mismo.
El poeta se volteó para verla salir, de lejos se le nota –dijo nostálgico- lleva la pena de un amor imposible.
Ella, acomodó en su bolso el celular aún sin colgar, subió a un taxi y se alejó de prisa del Café Plaza Mayor, quería sosiego, buscaba olvido. Era una trigueña encantadora no tan alta, cabellos negros, ojos sumisos y corazón cautivo.
El taxista preguntó sin mirarla – adonde la llevo- ella no supo que contestar. Dele derecho- dijo- el auto se deslizó veloz, giró en la casa de la cultura y tomó la carrera novena. Las luces de la noche iluminaban su rostro joven, pero poco hicieron para esclarecer su corazón confundido.
Rumiaba el origen de su tormento: era el novio de su hermana, habían sido amigos también, pero nada progresó porque ella se marchó de la ciudad durante un año, había regresado hacía pocos meses, y el trato permanente con su cuñado le despertó una realidad inesperada, comenzó a mirarlo con ojos adormecidos, le gustaba su cercanía, le encantaba su mirada, él la trataba con ternura, en ocasiones con las mismas palabras cariñosas que tenía para su hermana, a veces lo llamaba sin motivo aparente, después se le dio por buscar su aliento y con los días comenzó a extrañarlo, realmente no supo en que momento el amor se le despertó de golpe, la electrizaba su voz y la hipnotizaba su perfume, comenzó a soñar con él, fue cuando comprendió que vivía una tortura terrible, sabía que eso no estaba bien quería escapar de su prisión, pero no podía.
Por eso, esa noche encontró valor en tres cervezas y fue donde su mejor amiga, quería conjurar su demonio al compás de unos tragos y así fue. Se fueron a la zona rosa y al filo de la media noche aparecieron entonadas en el café y se ubicaron en un cómodo sofá blanco como su sentir justo detrás de nosotros. Tomaban sin parar y hablaban en voz alta, comentaron de amores, alegrías y martirios.
Lorena lloraba y repetía una y otra vez: no puedo con esto Dios mío…no puedo. Nosotros escuchamos todo, sin ningún esfuerzo, casualmente estábamos hablando de los amores imposibles, yo estaba impresionado por lo que vi al entrar, entonces el poeta continuó: generalmente-dijo- estos enamorados sin esperanzas son tan sensibles que se vuelven más proclives al recuerdo de una mirada dulce que a la real posibilidad de una relación formal.
Yo le pedí que se explicara mejor, él contestó con una expresión clarividente – miren hay para cada mujer un hombre… uno solo, pero a veces sucede que se empeñan en encontrarlo donde no está, muy fácil- lo interrumpí- entonces que no se enamoren de quien no le conviene … no… no- me interrumpió-la magia del amor es que nunca sabes de quien te vas a enamorar, pero la paradoja de estos amores prohibidos es que cuando lo vives no sabes que lo estás viviendo por eso no escuchas consejos, es como estar muriéndose de sed en medio del rio Guatapurí – y porque no bebe el agua? pregunté- porque con el primer sorbo la sed te aumenta más y más -que se puede hacer entonces? – podrías irte, beber en otro río, ese te está prohibido- y si no lo encuentra?-pregunté de nuevo- es parte de la leyenda puede que lo encuentre o tal vez no, pero debe irse lejos de lo que la atormenta, y si el recuerdo la persigue…? ya encontrará otro amor imposible para tratar de olvidar el anterior y así sucesivamente, yo le dije-no puede ser- pero él me lo aclaró enseguida -la tragedia de estos seres de luz es que nacen con la extraña condición de enamorarse de quien no deben – y si se casa con alguien para romper el círculo?-preguntó el escritor- es una desgracia, dijo el poeta- porque entonces el amor se le vuelve más imposible estando casada con quien no es su verdadero amor, porque su verdadero amor es el amor imposible – por qué sucede esto?, volvió a preguntar.
El poeta abrió los ojos y habló con la convicción de quien conoce muy bien de lo que habla -la leyenda dice que sucede desde el vientre cuando la madre de estos enamorados errantes a su vez se enamora de quien no debe – sorprendido preguntó otra vez el escritor- y alguien ha roto la leyenda?- el poeta concluyó sin piedad- ningún señalado, dijo- ha podido escapar, es como los mejores poetas que se entregan al martirio para encontrar sus versos más hermosos. Dice la leyenda que los únicos que realmente llegan a conocer el amor son aquellos que han vivido un amor imposible.
En ese instante yo entraba con el poeta Alfredo Guillén, él la miró y se horrorizó – lleva una de las peores penas de amor, me dijo, le pregunté por qué no hacía algo por detenerla, él sentenció en el acto –cuando se alcanza ese estado ya ni los versos te alcanzan, más aún -me aclaró- ya eres un verso mismo.
El poeta se volteó para verla salir, de lejos se le nota –dijo nostálgico- lleva la pena de un amor imposible.
Ella, acomodó en su bolso el celular aún sin colgar, subió a un taxi y se alejó de prisa del Café Plaza Mayor, quería sosiego, buscaba olvido. Era una trigueña encantadora no tan alta, cabellos negros, ojos sumisos y corazón cautivo.
El taxista preguntó sin mirarla – adonde la llevo- ella no supo que contestar. Dele derecho- dijo- el auto se deslizó veloz, giró en la casa de la cultura y tomó la carrera novena. Las luces de la noche iluminaban su rostro joven, pero poco hicieron para esclarecer su corazón confundido.
Rumiaba el origen de su tormento: era el novio de su hermana, habían sido amigos también, pero nada progresó porque ella se marchó de la ciudad durante un año, había regresado hacía pocos meses, y el trato permanente con su cuñado le despertó una realidad inesperada, comenzó a mirarlo con ojos adormecidos, le gustaba su cercanía, le encantaba su mirada, él la trataba con ternura, en ocasiones con las mismas palabras cariñosas que tenía para su hermana, a veces lo llamaba sin motivo aparente, después se le dio por buscar su aliento y con los días comenzó a extrañarlo, realmente no supo en que momento el amor se le despertó de golpe, la electrizaba su voz y la hipnotizaba su perfume, comenzó a soñar con él, fue cuando comprendió que vivía una tortura terrible, sabía que eso no estaba bien quería escapar de su prisión, pero no podía.
Por eso, esa noche encontró valor en tres cervezas y fue donde su mejor amiga, quería conjurar su demonio al compás de unos tragos y así fue. Se fueron a la zona rosa y al filo de la media noche aparecieron entonadas en el café y se ubicaron en un cómodo sofá blanco como su sentir justo detrás de nosotros. Tomaban sin parar y hablaban en voz alta, comentaron de amores, alegrías y martirios.
Lorena lloraba y repetía una y otra vez: no puedo con esto Dios mío…no puedo. Nosotros escuchamos todo, sin ningún esfuerzo, casualmente estábamos hablando de los amores imposibles, yo estaba impresionado por lo que vi al entrar, entonces el poeta continuó: generalmente-dijo- estos enamorados sin esperanzas son tan sensibles que se vuelven más proclives al recuerdo de una mirada dulce que a la real posibilidad de una relación formal.
Yo le pedí que se explicara mejor, él contestó con una expresión clarividente – miren hay para cada mujer un hombre… uno solo, pero a veces sucede que se empeñan en encontrarlo donde no está, muy fácil- lo interrumpí- entonces que no se enamoren de quien no le conviene … no… no- me interrumpió-la magia del amor es que nunca sabes de quien te vas a enamorar, pero la paradoja de estos amores prohibidos es que cuando lo vives no sabes que lo estás viviendo por eso no escuchas consejos, es como estar muriéndose de sed en medio del rio Guatapurí – y porque no bebe el agua? pregunté- porque con el primer sorbo la sed te aumenta más y más -que se puede hacer entonces? – podrías irte, beber en otro río, ese te está prohibido- y si no lo encuentra?-pregunté de nuevo- es parte de la leyenda puede que lo encuentre o tal vez no, pero debe irse lejos de lo que la atormenta, y si el recuerdo la persigue…? ya encontrará otro amor imposible para tratar de olvidar el anterior y así sucesivamente, yo le dije-no puede ser- pero él me lo aclaró enseguida -la tragedia de estos seres de luz es que nacen con la extraña condición de enamorarse de quien no deben – y si se casa con alguien para romper el círculo?-preguntó el escritor- es una desgracia, dijo el poeta- porque entonces el amor se le vuelve más imposible estando casada con quien no es su verdadero amor, porque su verdadero amor es el amor imposible – por qué sucede esto?, volvió a preguntar.
El poeta abrió los ojos y habló con la convicción de quien conoce muy bien de lo que habla -la leyenda dice que sucede desde el vientre cuando la madre de estos enamorados errantes a su vez se enamora de quien no debe – sorprendido preguntó otra vez el escritor- y alguien ha roto la leyenda?- el poeta concluyó sin piedad- ningún señalado, dijo- ha podido escapar, es como los mejores poetas que se entregan al martirio para encontrar sus versos más hermosos. Dice la leyenda que los únicos que realmente llegan a conocer el amor son aquellos que han vivido un amor imposible.

wahuuuuuuuuuuuuu.
ResponderEliminaresto se trata de todo aquello que uno tuvo alguna vez y por causas de la vida lo perdio y cuando la persona se da cuenta de que ya no lo tiene se pierde en el avismo y la soledad,porque ahora que lo a perdido lo desea y lo quiere mas que antes....
ResponderEliminaradriana ospino