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sábado, 29 de agosto de 2015
martes, 12 de mayo de 2015
Así serán el sexo y el amor en 2040 “si continuamos por este camino”
Los recursos de este planeta son limitados: los combustibles fósiles, el agua o el petróleo pueden acabarse si no tenemos cuidado. Sin embargo, hay otras cosas que no parecen acabar nunca. La luz del sol, el viento que mueve los generadores eólicos, la codicia de los políticos o el sexo. ¿Cómo se va a acabar el sexo? Siempre que existan al menos dos órganos reproductores masculinos o femeninos –y ni siquiera eso: basta con uno de ellos y buena voluntad– seguirá existiendo el sexo. ¿O no? David Spiegelhalter, un profesor del Laboratorio Estadístico de Cambridge, ha hecho saltar las alarmas en un artículo publicado en The Daily Mail, en el que advierte de que, como sigamos así, el sexo puede haber desaparecido para el año 2040.
Por supuesto, no es más que una extrapolación absurda e irónica de los datos que está desvelando en una serie de artículos sobre los usos y costumbres sexuales de sus compatriotas británicos, pero toca un punto sensible: la sociedad en su conjunto cada vez hace menos el amor, algo aún más claro en el caso de los jóvenes, que son incluso menospromiscuos que sus mayores. La mayor revisión de estudios jamás realizada en Gran Bretaña señala que los participantes en la encuesta, de entre 19 y 74 años, hacen tres veces el amor al mes, una cifra mucho menor que los cinco encuentros mensuales del año 1990 y las cuatro veces del 2000, según los datos de la Encuesta de Actitudes Sexuales inglesa.
La cifra también desciende tanto entre aquellos que no viven con su pareja como los que sí lo hacen, que han visto reducir la frecuencia de los seis coitos a los cinco en la mujer media de entre 16 y 44 años. Pero quizá el dato más alarmante es el que señala que no sólo la pirámide poblacional está decreciendo, sino también la pirámide sexual: los más jóvenes, aquellos que tienen entre 25 y 34 años, hacen el amor con una frecuencia menor a la de sus padres y abuelos. En otras palabras, estos se mantienen en la media de tres encuentros sexuales al mes (hasta un 25% han mantenido la abstinencia durante el último mes), mientras que un 25% de las mujeres de entre 45 y 65 años se dedica al amor cuatro veces cada 30 días.
¿Qué nos está pasando?
Estos datos desvelan una paradójica realidad: que en el momento de la historia del hombre en el que el sexo está más presente en nuestras vidas, de la publicidad a los medios de comunicación pasando por ese vasto océano de procacidad que es internet, los jóvenescada vez le prestan menos atención al acto sexual en sí. El estadístico propone unas cuantas razones para explicar esta situación. Puede deberse, quizá, al aumento de hogares unipersonales, que al menos en Inglaterra se dobló durante la década de los setenta y los ochenta, y que dificulta las posibilidades de echar una canita al aire entre semana. En nuestro país, hasta un 9,56% de las personas viven solas.
Pero eso no explica más que parcialmente la situación, teniendo en cuenta que la frecuencia ha decrecido incluso entre aquellos que viven en pareja. Otra posible explicación es que, ya que estamos tan obsesionados por la tecnología y las posibilidades comunicativas que esta favorece, apenas tenemos tiempo que dedicar a cosas tan triviales como hacer el amor. Lo cual no deja de ser paradójico: ¿acaso no pasamos el día conectados a las redes sociales para que, entre otras cosas, aumenten nuestras posibilidades de encamarnos con quien nos interesa? Aunque la investigadora Catherine Mercher también sugiere la posibilidad de que el sexo simplemente se haya despeñado en nuestra lista de prioridades.
Este problema surge cuando la noche, ese momento del día que en el pasado era idóneo para hacer el amor, aunque fuese para matar el aburrimiento, ahora se destina a otras cosas, como revisar el correo electrónico, jugar al Angry Birds o, quizá, en un cruel giro del destino, ver porno. Otras teorías apelan a las obligaciones de la conocida como generación sándwich para explicar esta ausencia de deseo: las mujeres de esas edades están tan preocupadas por su trabajo, su pareja, sus hijos y sus propios padres como para preocuparse de su satisfacción sexual.
¿Qué ocurre en nuestro país? Depende de a quién se pregunte. Si nos fiamos de las macroencuestas que realiza Durex cada poco tiempo, España se encuentra en el puesto número ocho mundial, con una frecuencia de una vez por semana. También podemos estar orgullosos, ya que aguantamos algo más de media hora –17,7 minutos en preliminares y 15,2 para el coito–, frente a los 25 minutos de media que desvelaron investigadores en Montreal. ¿La realidad? Que, como recuerdan a menudo los sexólogos, las encuestas relacionadas con el sexo son muy difíciles de cuantificar, no digamos de comparar entre sí. Por eso, encontrar un descenso constante en investigaciones realizadas con la misma metodología, como la Encuesta de Actividad Sexuales, sí nos permite identificar tendencias, como esta, que ponen en tela de juicio el ardor de la juventud.
Los cuatro virus que se están haciendo de oro a costa de los incautos
El panorama de la seguridad cambia continuamente. Actualmente, las puertas de entrada más habituales utilizadas por el malware son las infecciones a través de USB, tarjetas de memoria, discos duros móviles y descargas de archivos a través de emails o SMS. En este último caso, los ciberdelincuentes que operan en internet suelen aprovecharse de eventos noticiosos que generan interés en distintas partes del mundo para difundir sus virus.
El último ejemplo de esto se produjo tras el anuncio del nacimiento del nuevo miembro de la familia real británica, la princesa Charlotte, hija del príncipe William y su esposa Kate. Inmediatamente después, la empresa de seguridad informática Enigma Software registró un incremento del 54,7% en la aparición de programas malignos en ordenadores.
Desde Teknautas hemos recopilado algunos de los virus que, a día de hoy, tienen más presencia en la red.
WhatsApp, el rey de los virus. La aplicación de WhatsApp ha sido noticia tras permitir a sus usuarios de iOS y Android realizar llamadas VolP. Después de esto circuló por internet la aplicación maliciosa Activar llamadas WhatsApp, que redireccionaba al usuario a un formulario en el que le solicitaba su número de teléfono para inscribirlo en un servicio de SMS Premium, y posteriormente WhatsApp Edición Oro, otra herramienta maliciosa que cobraba fraudulentamente a los usuarios que se la descargaban.
Panda ha alertado ahora de otra app fraudulenta que está circulando por email. En este correo nos informan de que tenemos pendiente escuchar un mensaje de voz en esta aplicación que, supuestamente, nos ha dejado uno de nuestros contactos. Para escucharlo es necesario hacer click en un botón donde pone Autoplay, que en realidad es un enlace a una web maliciosa.
Terremoto en Nepal. El desastre natural ocurrido en Nepal también está siendo aprovechado por los estafadores para hacer negocio en internet. Jonathan French, analista de AppRiver, ha explicado al medio BBC que tras lo ocurrido, empezaron a detectar correos electrónicos de supuestas víctimas y organismos internacionales solicitando ayuda económica.
Ene ste sentido todos los expertos en seguridad recomiendan vigilar los enlaces y ficheros adjuntos que recibimos, y descartar aquellos que no hayamos solicitado para evitar ser víctimas de estafas y amenazas.
Modelos rusas que quieren conocerte. Es cierto. Casi nadie se cree que una modelo rusa le quiera conocer por email. Sin embargo, son muchos los que caen en la trampa y pinchan, aunque sea por curiosidad.
Desde Teknautas hemos recopilado algunos de los virus que, a día de hoy, tienen más presencia en la red.
WhatsApp, el rey de los virus. La aplicación de WhatsApp ha sido noticia tras permitir a sus usuarios de iOS y Android realizar llamadas VolP. Después de esto circuló por internet la aplicación maliciosa Activar llamadas WhatsApp, que redireccionaba al usuario a un formulario en el que le solicitaba su número de teléfono para inscribirlo en un servicio de SMS Premium, y posteriormente WhatsApp Edición Oro, otra herramienta maliciosa que cobraba fraudulentamente a los usuarios que se la descargaban.
Panda ha alertado ahora de otra app fraudulenta que está circulando por email. En este correo nos informan de que tenemos pendiente escuchar un mensaje de voz en esta aplicación que, supuestamente, nos ha dejado uno de nuestros contactos. Para escucharlo es necesario hacer click en un botón donde pone Autoplay, que en realidad es un enlace a una web maliciosa.
Terremoto en Nepal. El desastre natural ocurrido en Nepal también está siendo aprovechado por los estafadores para hacer negocio en internet. Jonathan French, analista de AppRiver, ha explicado al medio BBC que tras lo ocurrido, empezaron a detectar correos electrónicos de supuestas víctimas y organismos internacionales solicitando ayuda económica.
Ene ste sentido todos los expertos en seguridad recomiendan vigilar los enlaces y ficheros adjuntos que recibimos, y descartar aquellos que no hayamos solicitado para evitar ser víctimas de estafas y amenazas.
Modelos rusas que quieren conocerte. Es cierto. Casi nadie se cree que una modelo rusa le quiera conocer por email. Sin embargo, son muchos los que caen en la trampa y pinchan, aunque sea por curiosidad.
La Oficina de Seguridad del Internauta y la Guardia Civil han alertado de estos intentos de estafas. Las recomendaciones de Panda en este sentido son cortar todo tipo de comunicación y no facilitar ninguno de nuestros datos personales.
Ébola, otro de los anzuelos más comunes. AppRiver señala por último otro virus más que está cobrándose numerosas víctimas. En este caso se trata de una serie de correos basura que circulan desde el mes de octubre del año pasado en torno al peor brote de ébola de la historia. En estos, al igual que en el caso del terremoto de Nepal, el remitente aparenta ser algún tipo de organismo o incluso víctima.
Generalmente en el Asunto del mensaje se hace referencia a noticias de última hora o incluso al encuentro de una cura para la enfermedad.
En todos estos casos el usuario tiene la posibilidad de utilizar herramientas gratuitas para intentar detectar a tiempo el malware. Una de las más reconocidas es Avira Free que asegura detectar el 99,9% del software malicioso gracias a su análisis basado en la nube. También cuenta con su servicio Avira SearchFree Toolbar, una barra que filtra las webs visitadas antes de que el usuario pueda ser infectado. En este enlace tienen otras soluciones gratuitas para combatir los virus en la red.
Formas fáciles para aprender y dominar el inglés
Aprender un segundo idioma puede no resultarmuy sencillo para muchas personas, por varios factores: el dinero, eltiempo o simplemente la habilidad para poder estudiar. Pero esto se está convirtiendo en una limitante muy grande, especialmente para los colombianos.
De acuerdo con Mario Plata, Country Manager de EF Corporate, el mercadolaboral cada vez tiene más exigencias con respecto al aprendizaje de unsegundo idioma, especialmente en Colombia, “por la firma de lostratados de libre comercio y el interés de muchas empresas extranjerasque llegan a establecerse en el país”.
Y es que, además, según el Índice de Aptitud en Inglés (EF EPI) 2014,Colombia tiene un nivel muy bajo en este idioma, ocupando el puesto 42.Actualmente las empresas buscan a personas que dominen este idioma por“el auge de redes sociales, para ser voceros de la empresa y parainteractuar con extranjeros”, añadió Plata.
Técnicas sencillas
Reconociendo esta necesidad, muchos colombianos están buscando distintasalternativas para aprender mejor el idioma. Para ello, existendistintas opciones que se ajustan dependiendo de los presupuestos y lasnecesidades de cada persona.
Plata explica que la mejor forma de aprender inglés, sin duda, es a través de la inmersión totaldentro de una cultura: “Obviamente es la que tiene la curva deaprendizaje más rápida, pero también es la más costosa y requiere dedisponibilidad de tiempo permanente para periodo largo aprendizaje”.
FP le recomienda leer:
Y aunque actualmente los precios son más económicos que hace un par deaños, para muchas personas continúa siendo una opción impensable.
Es por eso que lo que actualmente se está imponiendo como tendencia esel uso de las tecnologías para lograr su objetivo, a partir del manejode su tiempo y de sus espacios:
•Cursos virtuales
Sin duda, es la opción que más se está imponiendo. “Se trata de unentrenamiento mixto o ‘blender’, que utiliza la tecnología en entornos virtuales parabrindar un componente online de estudio: permite la interacción conprofesores en conferencia y en grupos conversación. Se recomienda, paralos profesionales, estudiar durante 4 o 6 horas semanales”, sugirió elexperto de EF.
Estos cursos permiten llevar un manejo autodidacta y al ritmopropio de cada persona pero debe tenerse en cuenta que si no puede tenerla disciplina que esto requiere, puede resultar en una inversión envano.
“Hay una gran deserción cuando es autoestudio. Es por eso quesiempre es mejor un acompañamiento de un profesor, lo que tiene unsistema mixto. Lo más importante es lograr una motivación ascenso y nodejar solo al estudiante”.
Estos cursos, dependiendo de dónde decida tomarlos, pueden estarcostando entre los US$400 a US$1.200 anuales dependiendo del programa.
•Aplicaciones de celular
Otro uso de la tecnología para aprender idiomas es a través de las appsmóviles. Sin embargo, esto se recomienda para personas que buscan unritmo más pausado y a su medida.
De acuerdo con Rosa María Cely, Directora del programa Colombia Bilingüedel Ministerio de Educación Nacional, “el aprendizaje y la enseñanzarequieren de ambientes de desarrollo formativo, que motiven el gusto porel idioma, que tengan una riqueza de contenidos y que adicionalmentefomenten el conocimiento autónomo de los estudiantes y maestros. Conapoyo de los aliados, se debe hacer especial énfasis en adquirir tecnologías altamente favorables, contenidos de calidad y soluciones modernas y efectivas”.
Una de estas herramientas es Duolingo que, recientemente, hizo unaalianza con un importante operador para facilitar las condiciones a losusuarios: “La evolución que experimentan los procesos de aprendizajehace imperativa la necesidad de facilitar a las personas ambientes educativos digitales quecontribuyan a impulsar su conocimiento. Por esto, nuestro operadormóvil brinda acceso a plataformas virtuales que se conviertan enherramientas poderosas que impulsen el desarrollo personal y profesionalde los colombianos”, aseguró Santiago Aldana Sanín, Presidente de Uff!Móvil.
Pero en el mercado existe toda una variedad de opciones de .
¿Qué es lo más difícil y cómo superarlo?
Mario Plata, el directivo de EF, explica que por lo general, son dosfactores los que siempre se dificultan a la hora de aprender inglés: lacomunicación, escuchar y conversar.
Mientras que el manejo de la gramática y la redacción puede ser muchomás sencillo, las personas que no están inmersas 100% dentro del idioma,tendrán siempre dificultades con estos aspectos.
Por eso, el consejo del experto, al respecto es: autoconfianza ypráctica. Si sencillamente quiere aprender el idioma, la persona debeestar dispuesta a cometer errores y a intentar hacerlo cada vez mejor.
Para esto, existen unas sencillas técnicas que puede poner a prueba en su día a día:
•Cambie el idioma de su computador, programas y redes. Esto lepuede ayudar a acostumbrarse a un nuevo lenguaje y lograr que laspalabras sean más sencillas de entender, en su contexto.
•Escuche canciones en inglés. Atrévase a conocer nuevos grupos musicales, según sus gustos, y oblíguese a entender lo que dicen en sus letras.
•Vea sus programas favoritos subtitulados en inglés o, si es el caso, con el idioma original, en inglés.
•Apóyese de sus amigos que saben. Intente mantener con ellos una conversación diaria sobre cualquier tema.
•Escriba en este idioma. Desde sus estados en Facebook hasta algunos correos electrónicos para sus amigos.
•Piense en inglés. Si va a cruzar una calle y ve un auto rojo, piense en esto traduciéndolo al inglés.
Y es que, además, según el Índice de Aptitud en Inglés (EF EPI) 2014,Colombia tiene un nivel muy bajo en este idioma, ocupando el puesto 42.Actualmente las empresas buscan a personas que dominen este idioma por“el auge de redes sociales, para ser voceros de la empresa y parainteractuar con extranjeros”, añadió Plata.
Técnicas sencillas
Reconociendo esta necesidad, muchos colombianos están buscando distintasalternativas para aprender mejor el idioma. Para ello, existendistintas opciones que se ajustan dependiendo de los presupuestos y lasnecesidades de cada persona.
Plata explica que la mejor forma de aprender inglés, sin duda, es a través de la inmersión totaldentro de una cultura: “Obviamente es la que tiene la curva deaprendizaje más rápida, pero también es la más costosa y requiere dedisponibilidad de tiempo permanente para periodo largo aprendizaje”.
FP le recomienda leer:
Y aunque actualmente los precios son más económicos que hace un par deaños, para muchas personas continúa siendo una opción impensable.
Es por eso que lo que actualmente se está imponiendo como tendencia esel uso de las tecnologías para lograr su objetivo, a partir del manejode su tiempo y de sus espacios:
•Cursos virtuales
Sin duda, es la opción que más se está imponiendo. “Se trata de unentrenamiento mixto o ‘blender’, que utiliza la tecnología en entornos virtuales parabrindar un componente online de estudio: permite la interacción conprofesores en conferencia y en grupos conversación. Se recomienda, paralos profesionales, estudiar durante 4 o 6 horas semanales”, sugirió elexperto de EF.
Estos cursos permiten llevar un manejo autodidacta y al ritmopropio de cada persona pero debe tenerse en cuenta que si no puede tenerla disciplina que esto requiere, puede resultar en una inversión envano.
“Hay una gran deserción cuando es autoestudio. Es por eso quesiempre es mejor un acompañamiento de un profesor, lo que tiene unsistema mixto. Lo más importante es lograr una motivación ascenso y nodejar solo al estudiante”.
Estos cursos, dependiendo de dónde decida tomarlos, pueden estarcostando entre los US$400 a US$1.200 anuales dependiendo del programa.
•Aplicaciones de celular
Otro uso de la tecnología para aprender idiomas es a través de las appsmóviles. Sin embargo, esto se recomienda para personas que buscan unritmo más pausado y a su medida.
De acuerdo con Rosa María Cely, Directora del programa Colombia Bilingüedel Ministerio de Educación Nacional, “el aprendizaje y la enseñanzarequieren de ambientes de desarrollo formativo, que motiven el gusto porel idioma, que tengan una riqueza de contenidos y que adicionalmentefomenten el conocimiento autónomo de los estudiantes y maestros. Conapoyo de los aliados, se debe hacer especial énfasis en adquirir tecnologías altamente favorables, contenidos de calidad y soluciones modernas y efectivas”.
Una de estas herramientas es Duolingo que, recientemente, hizo unaalianza con un importante operador para facilitar las condiciones a losusuarios: “La evolución que experimentan los procesos de aprendizajehace imperativa la necesidad de facilitar a las personas ambientes educativos digitales quecontribuyan a impulsar su conocimiento. Por esto, nuestro operadormóvil brinda acceso a plataformas virtuales que se conviertan enherramientas poderosas que impulsen el desarrollo personal y profesionalde los colombianos”, aseguró Santiago Aldana Sanín, Presidente de Uff!Móvil.
Pero en el mercado existe toda una variedad de opciones de .
¿Qué es lo más difícil y cómo superarlo?
Mario Plata, el directivo de EF, explica que por lo general, son dosfactores los que siempre se dificultan a la hora de aprender inglés: lacomunicación, escuchar y conversar.
Mientras que el manejo de la gramática y la redacción puede ser muchomás sencillo, las personas que no están inmersas 100% dentro del idioma,tendrán siempre dificultades con estos aspectos.
Por eso, el consejo del experto, al respecto es: autoconfianza ypráctica. Si sencillamente quiere aprender el idioma, la persona debeestar dispuesta a cometer errores y a intentar hacerlo cada vez mejor.
Para esto, existen unas sencillas técnicas que puede poner a prueba en su día a día:
•Cambie el idioma de su computador, programas y redes. Esto lepuede ayudar a acostumbrarse a un nuevo lenguaje y lograr que laspalabras sean más sencillas de entender, en su contexto.
•Escuche canciones en inglés. Atrévase a conocer nuevos grupos musicales, según sus gustos, y oblíguese a entender lo que dicen en sus letras.
•Vea sus programas favoritos subtitulados en inglés o, si es el caso, con el idioma original, en inglés.
•Apóyese de sus amigos que saben. Intente mantener con ellos una conversación diaria sobre cualquier tema.
•Escriba en este idioma. Desde sus estados en Facebook hasta algunos correos electrónicos para sus amigos.
•Piense en inglés. Si va a cruzar una calle y ve un auto rojo, piense en esto traduciéndolo al inglés.
Expresidente de Comcel que Terminó viviendo en la Pobreza
En la noche del 31 de enero de 2008, Adrián Hernández destapaba una botella de Jack Daniel's, su bebida favorita, mientras despachaba un banquete pantagruélico que ordenó al restaurante de su amigo Harry Sasson y celebraba con el círculo más íntimo lo que había ocurrido pocas horas antes. Comcel, la compañía de la que él era presidente, puso en marcha ese día la operación tecnológica más avanzada en su momento en las telecomunicaciones colombianas, la telefonía 3G, y él se había encargado de anunciarlo al país. Fue la hora de mayor gloria en la carrera exitosa de un hombre de origen humilde que comenzó como albañil y llegó a ser uno de los generales más destacados en las tropas del hombre más rico del mundo, Carlos Slim. Estaba a la cabeza de la segunda empresa privada más grande de Colombia, que facturaba cerca de 6 billones de pesos al año y era el anunciante más grande del país. Tenía 23 millones de clientes, más del 60 por ciento del mercado.
Gracias a su ingenio, habilidad para los negocios y su visión, Adrián Hernández, en cuestión de unos pocos años, convirtió a Comcel en la segunda empresa más poderosa de Colombia (después de Ecopetrol), era uno de los ejecutivos mejor pagados y podía hablar con el presidente de la República cuando quería. Su afición por el whisky, los perfumes, las mujeres y los hoteles de lujo era la recompensa justa para tantos años de dura batalla contra las adversidades que su origen humilde había puesto en el camino. Nada hacía pensar, aquella noche de celebración en el norte de Bogotá, que días tan oscuros y sórdidos le esperaban más adelante, y que terminaría con una cuchilla de afeitar en la mano, listo para cortarse las venas en una pensión de la calle 26.
El ejecutivo que masificó la telefonía móvil, que llevó teléfonos celulares hasta remotos rincones en donde jamás había llegado el teléfono fijo, que le ayudó al multimillonario Slim a construir su imperio global y que coleccionaba relojes Rolex terminó pidiendo dinero para comer, postrado por una terrible enfermedad y olvidado para siempre por sus amigos y familia. ¿Cómo pudo ocurrir todo aquello?
El mexicano Adrián Hernández nació en Delicias, en el estado de Chihuahua, en donde se come carne seca y se preparan los burritos más prestigiosos de todo México. Hijo de un albañil y nieto de un soldado que combatió junto a Pancho Villa, Adrián creció en la pobreza y en ella forjó su olfato para los negocios. De niño conseguía juguetes viejos, los pintaba y colocaba en el centro de aros de alambre, y cobraba a sus amigos por dispararles pelotas de trapo para derribarlos. “A los ocho años yo era el único niño con crédito en la tienda del barrio”, recuerda. Vendía paletas, alquilaba revistas de cómics y ayudaba a su padre en la construcción; y encima obtenía las mejores notas en la escuela. Y así como abrigaba desde entonces sueños de negocios y prosperidad, había espacio también en su cabeza para leer, desde La Odisea y El principito, hasta las biografías de Napoléon, Tito y Stalin, de cuya sabiduría estratégica exprimió lecciones que le serían útiles años después.
Sin abandonar el trabajo en la construcción, junto a su padre, Adrián fue a la Universidad Autónoma de Chihuahua y se graduó como contador público y a partir de allí todo comenzó a ir mejor. Obtuvo empleo en una empresa local, el primero en el que no tenía que vérselas con cemento, ladrillos y sujetos rudos y pendencieros. Después trabajó como profesional independiente, llevando la contabilidad de pequeñas empresas, hasta que alguien le abrió una puerta que lo llevaría lejos. Fue reclutado para trabajar en el área administrativa de una compañía apenas en pañales, Telcel, cuando Carlos Slim hacía los pinitos en el negocio que lo convertiría años después en el número uno de la lista Forbes. Allí estaba destinado a permanecer tranquilo en su pequeño escritorio del área administrativa, pero Adrián podía hacer más que eso; y lo hizo.
El ejecutivo que masificó la telefonía móvil, que llevó teléfonos celulares hasta remotos rincones en donde jamás había llegado el teléfono fijo, que le ayudó al multimillonario Slim a construir su imperio global y que coleccionaba relojes Rolex terminó pidiendo dinero para comer, postrado por una terrible enfermedad y olvidado para siempre por sus amigos y familia. ¿Cómo pudo ocurrir todo aquello?
El mexicano Adrián Hernández nació en Delicias, en el estado de Chihuahua, en donde se come carne seca y se preparan los burritos más prestigiosos de todo México. Hijo de un albañil y nieto de un soldado que combatió junto a Pancho Villa, Adrián creció en la pobreza y en ella forjó su olfato para los negocios. De niño conseguía juguetes viejos, los pintaba y colocaba en el centro de aros de alambre, y cobraba a sus amigos por dispararles pelotas de trapo para derribarlos. “A los ocho años yo era el único niño con crédito en la tienda del barrio”, recuerda. Vendía paletas, alquilaba revistas de cómics y ayudaba a su padre en la construcción; y encima obtenía las mejores notas en la escuela. Y así como abrigaba desde entonces sueños de negocios y prosperidad, había espacio también en su cabeza para leer, desde La Odisea y El principito, hasta las biografías de Napoléon, Tito y Stalin, de cuya sabiduría estratégica exprimió lecciones que le serían útiles años después.
Sin abandonar el trabajo en la construcción, junto a su padre, Adrián fue a la Universidad Autónoma de Chihuahua y se graduó como contador público y a partir de allí todo comenzó a ir mejor. Obtuvo empleo en una empresa local, el primero en el que no tenía que vérselas con cemento, ladrillos y sujetos rudos y pendencieros. Después trabajó como profesional independiente, llevando la contabilidad de pequeñas empresas, hasta que alguien le abrió una puerta que lo llevaría lejos. Fue reclutado para trabajar en el área administrativa de una compañía apenas en pañales, Telcel, cuando Carlos Slim hacía los pinitos en el negocio que lo convertiría años después en el número uno de la lista Forbes. Allí estaba destinado a permanecer tranquilo en su pequeño escritorio del área administrativa, pero Adrián podía hacer más que eso; y lo hizo.
La oportunidad llegó cuando, por razones accidentales, ni su jefe ni el jefe de su jefe pudieron atender una cita con los directivos de más alto nivel, y el joven Hernández se vio sentado en una enorme sala de juntas, rodeado de yuppies que habían estudiado en Stanford y Harvard, vestían Armani y apestaban a arrogancia. Era inevitable sentirse un ‘patito feo’ en medio de tantos dandis, pero en ese punto se vio quién era Adrián Hernández. Estuvo en desacuerdo con casi todo y expresó sus opiniones sin titubear. Su franqueza valiente, sus ideas audaces y su irreverencia llamaron la atención del señor de bigote que presidía la reunión, el gran Carlos Slim, quien lo encontró ideal para abrir trocha en sus planes de expansión por el continente. Y lo envió a Guatemala, a dirigir la primera operación de América Móvil por fuera de territorio mexicano. En Guatemala hizo maravillas con pocos recursos, porque está en el ADN de Slim invertir poco y ganar bastante. Y mostró a América Móvil que era factible conquistar las telecomunicaciones latinoamericanas.
En octubre de 2001 llegó a Bogotá, para hacerse cargo de la recién adquirida Comcel, que América Móvil compró a Bell Canada. Recibió una empresa con números en rojo y con una penetración del mercado del 6 por ciento, y en pocos años la convirtió en el operador dominante, en la segunda empresa más grande de Colombia por rentabilidad y en la compañía emblemática de las comunicaciones celulares en el país. Para lograrlo debió prácticamente reinventar la empresa; implementó procesos, modernizó infraestructuras, revolcó las prácticas corporativas y, especialmente, construyó una red de distribuidores poderosa que le ayudó en la vertiginosa expansión en el mercado colombiano.
La caída
Tras dos décadas y media en las filas de Slim, Adrián Hernández, que siempre se reconoció como un ‘patito negro’, por raza y origen social, había llegado lejos y tenía por debajo suyo a varios ‘patitos amarillos’ como él llama a ejecutivos de alcurnia y apellido. Tantos años de férrea carrera por el ascenso le habían dejado algunos enemigos poderosos y cuando gozaba de los placeres del éxito y le embriagaba el poder, le llegó su hora. El 24 de agosto de 2009 se le notificó su despido de América Móvil. Unas horas antes había estallado un escándalo mediático, en el que se le involucró con operaciones de negocios que afectaban a la compañía.
La red de distribuidores que él promovió y que fue la espada más poderosa para el crecimiento de Comcel, se convirtió en su talón de Aquiles. Le acusaron de beneficiarse de ella, aunque él insiste en que le cobraron no haber manejado a los distribuidores como la empresa quería. Tuvo fuertes contradicciones con Daniel Hajj, nada menos que presidente de América Móvil y yerno de Carlos Slim, y ese día se vio ante dos alternativas: pelear contra la familia más poderosa del planeta o aceptar una atractiva propuesta de liquidación y hacerse a un lado.
Optó por lo segundo. Masticando el duro golpe, trató de sanar el orgullo herido y emprendió con su esposa un viaje alrededor del mundo, mientras pasaba el periodo de cuatro años en que no podría volver al sector de telecomunicaciones, según el acuerdo de retiro que había firmado. Hasta que una mañana, desayunando en el Ritz en París, notó ese temblor en sus dos manos y una rigidez inusual en la pierna derecha. El delicioso hotel Ritz le sirvió en la mesa el primer anuncio de que sus verdaderas desgracias en la vida estaban apenas por comenzar.
El párkinson lo postró en cama por año y medio. El dinero se acabó, la esposa y los hijos lo abandonaron, los amigos que descorchaban con él botellas de vino en las fiestas le dieron la espalda y su vida dio un giro espectacular hacia la pobreza y la ruina moral. El peso de sus constantes infidelidades, que la esposa soportó con estoicismo por años, hizo que el matrimonio colapsara. Un acuerdo de divorcio le arrancó lo poco que le quedaba y él, sumido en la depresión, no quiso pelear. El hombre que se fajaba con cualquiera en las calles de Delicias en sus años de adolescencia; el mismo que aceptó sin titubear cualquier reto de negocios que Carlos Slim le encargó; el que jamás lloró ni se quejó, ni siquiera cuando recibía algún castigo en la niñez, ya no tenía fuerzas para combatir.
Pasó encerrado en su habitación el periodo más duro del párkinson, todavía bajo el mismo techo con su esposa e hijos, pero sometido, según recuerda, a un verdadero ‘matoneo’ familiar. Le quitaron sus cuentas bancarias, nadie le dirigía la palabra y sus días transcurrían en silencio frente al televisor. La esposa fue implacable; vendió su colección de corbatas y un día le pidió que abandonara la casa.
Durmió en donde pudo, deambuló de sitio en sitio y conoció personalmente la ingratitud humana. Un antiguo compañero de trabajo, a quien Adrián le cedió años atrás su bono navideño para ayudarle a pagar una costosa cirugía, se negó a tenderle la mano.
Empeñó sus relojes de lujo y sus palos de golf, pero todo aquello apenas le permitió mantenerse unos cuantos meses y terminó viviendo en una muy modesta pensión en un barrio pobre de Bogotá hasta verse en la penosa necesidad de pedir dinero para comer. Adrián Hernández caminaba muy difícilmente apoyado en un bastón, el cuerpo tembloroso y el bolsillo absolutamente vacío. La mayoría de sus amigos se negaban a recibirlo mientras los distribuidores de teléfonos móviles que él ayudó a enriquecer con las franquicias de Comcel se hicieron los de la vista gorda. Sin familia ni casi amigos, Adrián añoraba los días en Delicias, cuando corría tras una pelota de goma y cazaba chapulines, y se sentaba a la mesa con sus hermanos en la noche.
La salvación
La vida no tenía sentido. En el último año fallecieron dos de sus seres más queridos; su padre y su hermana, cuyas ausencias solo sumaban más dolor a la tragedia que carga encima desde la muerte de uno de sus hijos en un accidente de tránsito. No había manera de regresar y el cuerpo pedía a gritos un descanso definitivo. Y Adrián decidió entonces ponerle fin a su aventura en este planeta. Consiguió una navaja y se sentó en la ducha, listo para hacer su movida más trágica. Pero, como buen sibarita, decidió darle una última oportunidad a su espíritu apasionado. Y en la noche de aquel día le fue enviada la salvación: con 54 años, muy enfermo y muy pobre, había pocas posibilidades de que una mujer joven y sexy se fijara en él. Pero, como tantas otras cosas asombrosas, ocurrió. Una mujer que se atravesó en su camino lo enamoró perdidamente y le devolvió las ganas de vivir. Alguien se había acordado de él y le enviaba bendiciones increíbles. Un viejo conocido le encargó un trabajo de cabildeo por unos cuantos pesos, y alguien más le ayudó con alguna otra cosa. Y así pequeñas puertas empezaron a abrirse de un modo milagroso, hasta que, para darle un final feliz a su historia, fue informado que unas viejas acciones que había adquirido con el dinero de la liquidación que recibió al salir de Comcel estaban disponibles finalmente, después de muchas trabas legales ajenas a su voluntad.
El párkinson está más o menos bajo control, pero los medicamentos le causaron un sobrepeso excepcional. Llegó a pesar 150 kilos, camina y respira con suma dificultad, apoyado en un bastón y vive todavía muy modestamente. Tiene planes de emprendimientos pequeños –nada en telecomunicaciones, por supuesto–, y quiere una nueva familia al lado de la mujer que adora. “Soy una persona que se equivocó, alguien que erró el camino; pero encontré después la felicidad en las cosas sencillas”, sostiene. Ya no añora sus noches en el Ritz, ni sus relojes; ni quiere vivir en el norte de Bogotá. Está convencido que Dios le dio una segunda oportunidad y no piensa echarla a perder. El hombre que creyó que la felicidad estaba en la fortuna, en la fama y en las fiestas con mucho whisky planea hoy vivir en una pequeña casa de campo, y preparar buena comida los domingos para reunir a su familia. Hoy es un hombre renovado. “Mi concepto de grandeza y felicidad ha cambiado. Tener conocimiento de negocios no me hace grande. Tener dinero no me hace grande. Ahora quiero tener una buena relación con Dios, una relación fuerte con mi pareja y llevar una vida sencilla”, dice Adrián Hernández. Sin duda, se sale siendo otro, después de semejante odisea.
En octubre de 2001 llegó a Bogotá, para hacerse cargo de la recién adquirida Comcel, que América Móvil compró a Bell Canada. Recibió una empresa con números en rojo y con una penetración del mercado del 6 por ciento, y en pocos años la convirtió en el operador dominante, en la segunda empresa más grande de Colombia por rentabilidad y en la compañía emblemática de las comunicaciones celulares en el país. Para lograrlo debió prácticamente reinventar la empresa; implementó procesos, modernizó infraestructuras, revolcó las prácticas corporativas y, especialmente, construyó una red de distribuidores poderosa que le ayudó en la vertiginosa expansión en el mercado colombiano.
La caída
Tras dos décadas y media en las filas de Slim, Adrián Hernández, que siempre se reconoció como un ‘patito negro’, por raza y origen social, había llegado lejos y tenía por debajo suyo a varios ‘patitos amarillos’ como él llama a ejecutivos de alcurnia y apellido. Tantos años de férrea carrera por el ascenso le habían dejado algunos enemigos poderosos y cuando gozaba de los placeres del éxito y le embriagaba el poder, le llegó su hora. El 24 de agosto de 2009 se le notificó su despido de América Móvil. Unas horas antes había estallado un escándalo mediático, en el que se le involucró con operaciones de negocios que afectaban a la compañía.
La red de distribuidores que él promovió y que fue la espada más poderosa para el crecimiento de Comcel, se convirtió en su talón de Aquiles. Le acusaron de beneficiarse de ella, aunque él insiste en que le cobraron no haber manejado a los distribuidores como la empresa quería. Tuvo fuertes contradicciones con Daniel Hajj, nada menos que presidente de América Móvil y yerno de Carlos Slim, y ese día se vio ante dos alternativas: pelear contra la familia más poderosa del planeta o aceptar una atractiva propuesta de liquidación y hacerse a un lado.
Optó por lo segundo. Masticando el duro golpe, trató de sanar el orgullo herido y emprendió con su esposa un viaje alrededor del mundo, mientras pasaba el periodo de cuatro años en que no podría volver al sector de telecomunicaciones, según el acuerdo de retiro que había firmado. Hasta que una mañana, desayunando en el Ritz en París, notó ese temblor en sus dos manos y una rigidez inusual en la pierna derecha. El delicioso hotel Ritz le sirvió en la mesa el primer anuncio de que sus verdaderas desgracias en la vida estaban apenas por comenzar.
El párkinson lo postró en cama por año y medio. El dinero se acabó, la esposa y los hijos lo abandonaron, los amigos que descorchaban con él botellas de vino en las fiestas le dieron la espalda y su vida dio un giro espectacular hacia la pobreza y la ruina moral. El peso de sus constantes infidelidades, que la esposa soportó con estoicismo por años, hizo que el matrimonio colapsara. Un acuerdo de divorcio le arrancó lo poco que le quedaba y él, sumido en la depresión, no quiso pelear. El hombre que se fajaba con cualquiera en las calles de Delicias en sus años de adolescencia; el mismo que aceptó sin titubear cualquier reto de negocios que Carlos Slim le encargó; el que jamás lloró ni se quejó, ni siquiera cuando recibía algún castigo en la niñez, ya no tenía fuerzas para combatir.
Pasó encerrado en su habitación el periodo más duro del párkinson, todavía bajo el mismo techo con su esposa e hijos, pero sometido, según recuerda, a un verdadero ‘matoneo’ familiar. Le quitaron sus cuentas bancarias, nadie le dirigía la palabra y sus días transcurrían en silencio frente al televisor. La esposa fue implacable; vendió su colección de corbatas y un día le pidió que abandonara la casa.
Durmió en donde pudo, deambuló de sitio en sitio y conoció personalmente la ingratitud humana. Un antiguo compañero de trabajo, a quien Adrián le cedió años atrás su bono navideño para ayudarle a pagar una costosa cirugía, se negó a tenderle la mano.
Empeñó sus relojes de lujo y sus palos de golf, pero todo aquello apenas le permitió mantenerse unos cuantos meses y terminó viviendo en una muy modesta pensión en un barrio pobre de Bogotá hasta verse en la penosa necesidad de pedir dinero para comer. Adrián Hernández caminaba muy difícilmente apoyado en un bastón, el cuerpo tembloroso y el bolsillo absolutamente vacío. La mayoría de sus amigos se negaban a recibirlo mientras los distribuidores de teléfonos móviles que él ayudó a enriquecer con las franquicias de Comcel se hicieron los de la vista gorda. Sin familia ni casi amigos, Adrián añoraba los días en Delicias, cuando corría tras una pelota de goma y cazaba chapulines, y se sentaba a la mesa con sus hermanos en la noche.
La salvación
La vida no tenía sentido. En el último año fallecieron dos de sus seres más queridos; su padre y su hermana, cuyas ausencias solo sumaban más dolor a la tragedia que carga encima desde la muerte de uno de sus hijos en un accidente de tránsito. No había manera de regresar y el cuerpo pedía a gritos un descanso definitivo. Y Adrián decidió entonces ponerle fin a su aventura en este planeta. Consiguió una navaja y se sentó en la ducha, listo para hacer su movida más trágica. Pero, como buen sibarita, decidió darle una última oportunidad a su espíritu apasionado. Y en la noche de aquel día le fue enviada la salvación: con 54 años, muy enfermo y muy pobre, había pocas posibilidades de que una mujer joven y sexy se fijara en él. Pero, como tantas otras cosas asombrosas, ocurrió. Una mujer que se atravesó en su camino lo enamoró perdidamente y le devolvió las ganas de vivir. Alguien se había acordado de él y le enviaba bendiciones increíbles. Un viejo conocido le encargó un trabajo de cabildeo por unos cuantos pesos, y alguien más le ayudó con alguna otra cosa. Y así pequeñas puertas empezaron a abrirse de un modo milagroso, hasta que, para darle un final feliz a su historia, fue informado que unas viejas acciones que había adquirido con el dinero de la liquidación que recibió al salir de Comcel estaban disponibles finalmente, después de muchas trabas legales ajenas a su voluntad.
El párkinson está más o menos bajo control, pero los medicamentos le causaron un sobrepeso excepcional. Llegó a pesar 150 kilos, camina y respira con suma dificultad, apoyado en un bastón y vive todavía muy modestamente. Tiene planes de emprendimientos pequeños –nada en telecomunicaciones, por supuesto–, y quiere una nueva familia al lado de la mujer que adora. “Soy una persona que se equivocó, alguien que erró el camino; pero encontré después la felicidad en las cosas sencillas”, sostiene. Ya no añora sus noches en el Ritz, ni sus relojes; ni quiere vivir en el norte de Bogotá. Está convencido que Dios le dio una segunda oportunidad y no piensa echarla a perder. El hombre que creyó que la felicidad estaba en la fortuna, en la fama y en las fiestas con mucho whisky planea hoy vivir en una pequeña casa de campo, y preparar buena comida los domingos para reunir a su familia. Hoy es un hombre renovado. “Mi concepto de grandeza y felicidad ha cambiado. Tener conocimiento de negocios no me hace grande. Tener dinero no me hace grande. Ahora quiero tener una buena relación con Dios, una relación fuerte con mi pareja y llevar una vida sencilla”, dice Adrián Hernández. Sin duda, se sale siendo otro, después de semejante odisea.
jueves, 26 de febrero de 2015
miércoles, 25 de febrero de 2015
¿Porque los estudiantes no quieren estudiar?

Sencillamente porque pierden el tiempo, Viendo Televisión, o chateando en las Redes Sociales como whatsapp Facebook, Pendientes de la fiesta o la pinta e inclusive discutiendo sobre el mejor futbolista o mejor artista Vallenato, les falta Actitud y tomar conciencia de lo importante que es formarse integralmente, tendiente así, a tener una mayor oportunidad de vincularse laboralmente y mejorar su calidad de vida.
¿y tú que estás haciendo para cambiar y mejorar tu vida?
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